De la revista PLAN V: Entrevista a Michel Maffesoli, el gran profeta del futuro.*
La sabiduría de las raves electrónicas, el poder de Maradona y Madonna, las tribus urbanas y una ciudad que nunca duerme, el consumo de éxtasis y la política que ya no le interesa a nadie. De todo esto nos habló Michel Maffesoli, el profeta de la posmodernidad. El manual del mundo del futuro, que ya vive entre nosotros.
Michel Maffesoli cree que la gente está adquiriendo una nueva sensibilidad, una nueva manera de pensar y comportarse que escapa a los radares de los políticos tradicionales. Donde un pensamiento conservador ve la degradación política, las instituciones y la moral, Maffesoli ilumina el lado positivo. Hay que saber contemplar el futuro sin nostalgia, advierte. Ya lo dijo el poeta ruso Geor Trakl: “Que enfermo parece todo lo que nace”. Pero avancemos sobre las apariencias.
Michel Maffesoli (62 años) es profesor de sociología en la Sorbona y creador del Centro de Estudios de lo Actual y lo Cotidiano. Desde allí, asegura que el mundo, tal como lo conocemos, acaba. La modernidad se descompone, sus instituciones y creencias (lo político, la democracia y la fe en el progreso) están “saturadas”, sus componentes llegaron a sus límites y mutan. Hoy las personas tienen una nueva mentalidad: son más lúdicas y sensibles, les interesa el presente más que el futuro y descreen que la ciencia solucione todo sin una conciencia más atenta a la naturaleza.
La sociabilidad contemporánea es mucho más confusa e intestable. Las categorías que lo definían al sujeto en la modernidad (su profesión, su clase, su sexo, su ideología) pierden potencia. Se vive un “bricolage ideológico”, las personas adquieren sentido sólo en función del grupo del cual forma parte. En un momento, con una máscara, está en una tribu; luego con otra máscara, en otra.
¿Cuáles son estas tribus? Son las pequeñas sociedades de afinidades de las que todos participamos: tribus musicales, deportivas, sexuales, etcétera. El vínculo social posmoderno es afectivo y yace en compartir un sentimiento, a diferencia del moderno que es racional (el famoso contrato social). En los estadios, en los recitales, en las organizaciones no gubernamentales, Maffesoli encuentra una pasión genuina que ha abandonado las instituciones de la modernidad, como la política partidiaria. Son un signo de este nuevo goce de la gente donde ya no importa tanto el contenido como el continente, el estar juntos, compartiendo los sentimientos, todo es bueno para vibrar juntos. “Madonna o Maradona, el santo cristiano o el héroe griego, son figuras vacías que permiten a cada un reconocerse y comulgar con otros, que permiten una teatralidad común, receptáculos que sirven para la expresión ‘nosotros’, y favorecen la emergencia de un sentimiento colectivo fuerte”, nos ejemplifica. Estas tribus se encuentran en Internet y en la ciudad posmoderna: un espacio en perpetua ebullición, un travelling incesante, con las personas ciurculando de un grupo a otro a fin de ejercer la pluralidad de sus máscaras.

La indiferenciación sexual, el sincretismo ideológico y la mutabilidad profesional delimitan un nuevo espíritu del tiempo. Hoy nos enfrentamos a “incertidumbres inmediatas”, que se expresan en la multiplicación de los prefijos “meta-” o “trans-”, permitiéndonos comprender el deslizamiento de una lógica de la identidad a una lógica de la identificación.
Michel Maffesoli encuentra una imagen para explicar cómo la gente se vinculará en las sociedades futuras: la orgía, en su etimología griega, la “pasión común”. Maffesoli no tiene recetas sobre cómo debería ser el mundo. Prefiere presentarlo. Y para ello, nada mejor que los jóvenes. No sólo por la cantinela tradicional (los jóvenes son el futuro) sino por que ser joven (en la manera de vestirse, hablar, cuidar el cuerpo o pensar) es un nuevo imperativo categórico de la posmodernidad que no deja a nada ni a nadie indemne. Aquí, una constelación de los pensamientos que compartió con PLAN V:
- La gente busca la felicidad en el hoy. “Hoy importan las historias humanas y menos la historia lineal. La felicidad no se relaciona más a un hipotético mañana ni mejor, ni a un paraíso por venir, sino a un presente vivido, tanto malo como bueno. La existencia no es otra que una continuación de instantes eternos. El signo de los tiempos ya no es el futuro, sino el presente, el carpe diem, el ‘aquí y ahora’.
- No cree en proyectos trascendentes. “Una consecuencia de este cambio en la temporalidad es que ya no hay movilizaciones de derechas o de izquierdas para lograr una sociedad revolucionaria, o conservadora, o reformista.”
- Siente a los políticos como algo ajeno. “Lo político está adquiriendo una nueva imagen. Ya no designa la administración de lo cercano, sino algo abstracto, con el acento puesto sobre lo lejano y sobre el futuro, dejando de tener sentido para el hombre común. Por eso hay un descreimiento en la política y en los políticos. La práctica política cumplió sus objetivos y terminó por envejecer. Hoy, la política sigue existiendo como la luz de una estrella muerta.”
- Pero no hay apatía juvenil.“Las nuevas generaciones ya no se comprometen con la política pero, a la vez, en cada fiesta o festival que se realiza en Francia tenemos una importante cantidad de expresiones artísticas. Entonces, no es que hay apatía, sino que estamos frente a una energía que ya no es política, una energía del futuro, extraña para nosotros.”
- De hecho, están generando nuevos valores. “Las generaciones jóvenes son portadoras de valores en gestación como el ‘presentismo’ o el ‘corporeísmo’. Más allá del encierro de de las generaciones adultas, la juventud está experimentando nuevas formas de solidaridad. Por ejemplo, su apertura hacia el extranjero, aprendizaje particularmente difícil para las instituciones y el poder. O su relación con el trabajo. Ya no quieren perder la vida en ganarla. Por supuesto hay que trabajar, porque hay que comer, pero antes trabajar era un imperativo, y hoy es un optativo: conviene. ‘Trabajo para pagarme el ocio’. Una verdadera revolución: hacer de la vida una obra de arte.”
- Y nuevos códigos. “La emoción ocupa un lugar central en las nuevas formas sociales. El lenguaje cotidiano también da cuenta de este proceso, palabras como ‘feeling‘ en inglés u ‘onda’ o ‘sintonía’ en castellano sirven cada vez más como criterio para medir la calidad de las relaciones entre las personas ['con eso/ése tengo cero onda'].”
- Las raves electrónicas son los laboratorios de la sociabilidad futura. “Las raves de música electrónica manifiestan una nueva manera de estar en conjunto. Estas raves no son, contrario a lo que se dice, nulamente individualistas, sino que reposan esencialmente sobre el ‘éxtasis’ colectivo. Las raves son las metáforas de la sociabilidad en gestación, ‘laboratorios’ donde se elaboran los valores alternativos a aquellos que construyeron el ideal moderno del dominio de uno y del mundo. Y los lugares donde se expresan son significativos: Descampados industriales, terrenos militares desafectados, construcciones abandonadas, claros forestales, campos lejos de toda civilización. En esos momentos de exaltación extrema de afectos y pasiones, sólo existe el deseo del ‘grupo en fusión’. Hacer, pensar, sentir como el otro. Pdemos acercar esta pulsión hacia el otro a diversos éxtasis que han marcado todas las religiones. El vacío de la comunicación verbal, aquella de la razón, permite otra comunicación más horizontal, más silenciosa.”
- Hay que saber leerlas. “La comprensión de la efervescencia tecno es una forma de sabiduría. Sus múltiples trances colectivos suscitados por la música recuerdan la importancia del estado salvaje del humano. El éxtasis, el trance del cuerpo, la utilización de ciertos ‘productos’ ilícitos, conllevan a la constitución de un cuerpo colectivo, donde cada uno ‘estalla’ y se fuciona en un todo sin discriminar entre el bien y el mal. Un ‘método’ tragico de ritar y de vivir una eternidad inmanente, una eternidad humana.”
- Porque muestran el retorno de lo dionisíaco. “La música tecno, por su velocidad misma, procura una sensación de detenciaón, una impresión de estabilidad. No es casualidad que uno de sus goces consista en pisotear el barro, símbolo del deseo de establecerse en la tierra y detener el tiempo que pasa, portador de nusetras angustias. Hay que comprender la creativdad de los que están en trance en las raves: encuentran en el desenfreno animal un aumento de energía para sus existencias cotidianas.”
- La política mutó: importa lo doméstico. “Lo político, tal como lo conocemos, se transforma. Hace años se trataba de apoyar un proceso orientado hacia el futuro, pero ahora está dirigido a disfrutar del ‘aquí y ahora’. Aquí es donde hay que encontrar palabras para describir la forma que está tomando. Hoy hay más entusiasmo por el localismo: ocuparse del barrio, de la calle en la que se vive, en la organización de la vida local. Hay una vuelta a la gestión de la proximidad. Lo doméstico en el sentido del domus, la casa, el hacerse cargo de la casa común. Contrario a las grandes instituciones que caracterizaron los tiempo modernos, veremos la emergencia y multiplicación de pequeñas asocioaciones que se harán cargo de lo cercano y renovarán un vínculo social mucho más afectivo. Son estas asociaciones, ciertas ONGs, a las que hay que estar atentos, que caracterizaran lo que está en gestación para el futuro”.
*Revista PLAN V Julio 2006
2 comentarios ↓
el hecho de modificar el paradigma, abre a muchas posibilidades, desgraciadamente no sabemos cual es el saldo, por el momento y con todo el miedo a lo desconocido, no porque sea malo, sino por la cuota de dano que pueda generar nos crea incertidumbre, seguramente con el tiempo podremos ver sus bondades para buscar darle el cauce que le de los satisfactores pertinentes y que se reduscan los riesgos y los danos.
el material es muy bueno pero en lo exacto cuales serian las caracteristicas de los jovenes postmodernos cuales son sus actitudes, que buscan,y creo que es falta de identidad no saben quienes son
Dejá tu comentario