En las raves de los yoguis urbanos hay meditaciones y se baila psytrance
Viernes a la noche en una disco de Palermo. La consigna era divertirse sin alcohol ni drogas, y con una barra que ofrecía tragos energizantes. El programa de televisión Argentinos por su nombre quiso experimentar y llevó a una pandilla de motoqueros, para ver si estaban en su salsa. Pero no fueron los reyes de la noche. El rey de la noche fue Pankaj, un instructor hindú de meditación que salió de la nada con una túnica blanca, incandescente, y se abrió paso.
Pankaj subió al escenario y el resto obedeció sin chistar. El DJ desconectó la marcha mientras los bailarines dejaron de sacudirse. Si alguien creyera que en Buenos Aires estaba todo visto, tendría que haberse arrimado: lo que era una fiesta se convirtió en una meditación de quinientas personas en silencio recostadas sin el ringtone de un celular.
“Se arma un clima de conciencia grupal”, reflexiona al final del encuentro Pablo Faga, un miembro de la ONG El Arte de Vivir, organizadora de Yoga Rave. “Hay algo que se expande y pasa a ser compartido por todos. Hay respeto, incluso de la gente que no está involucrada.”
“La idea es demostrar que podemos divertirnos de otra manera -agrega su compañero Ramiro Roballos-. La meditación elimina el estrés y sube el nivel de energía. Esa energía afecta todo el ambiente, como cuando ves a alguien que tiene una onda increíble.”

Se puede permanecer sentado y el maquillaje es más que natural. Foto: Nadia Portas
