Con la tecnología digital como agente catalizador, la cultura indie se reinventó, dejando atrás su discurso antisistema

Texto: María José Villanueva
Ilustraciones: Coca ruiz
Acabo de toparme con Indie en la despensa de mi cocina. No se trata de la última película seleccionada para el Sundance Film Festival, ni tampoco de la vos neo country récord de ventas en eMusic, nada de eso.
Indie es un personaje dibujado, tipo cómic que mira fijamente desde la caja de cereales que compré para mis hijos. Es más, promete ser “un amigo móvil”, porque al ingresar un código en el celuar se peude descargar a Indie y su pandilla. ¿Cómo pasamos del fenómeno indie como respuesta cultural a la hegemonía de la música pop masiva, al Indie que el departamento de marketing de una transnacional inventó para vender un desayuno hiperazucarado a mis niños? En busca de ese eslabón perdido, aquí van algunas ideas.
Play. Remóntese a Kurt Cobain, el mítico vocalista de Nirvana. Su música -y su trágico suicidio- inspiraron hace dos décadas un estilo de rock independiente acuñado como “indie”. El mentado término surgió como lo opuesto a lo masivo, a lo comericial, a lo que esta dentro del mainstream o corriente principal. Hoy es un prefijo habitual, una moda que sale, casi literalmetne, hasta en la sopa. La ropa, el look, el arte, los veideojuegos, el turismo, la industra hoy buscan ser o parecer indie. El nicho indie hoy es grito y plata. Lo descubrieron los coolhunters y trendsetters apostados etratégicamente en las megápolis del planeta. En Nueva York proliferan los restaurantes indies (léase one of a kind, como Babbo). Las guías de viajes como Tme Out han incorporado circuitos indie para los que buscan “lo distinto”. Lo cierto es que lo indie vende, aunque del indie original tenga poco y nada. El propio Cobain -el ícono- encabeza la lista de los “dead best sellers”, con ventas cercanas a los 50 millones de dólares el año pasado, según la revista Fortune.
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Estados Unidos
La imagen de Estados Unidos aparece, entre los jóvenes, ligada al rechazo. Rechazo a su política internacional de la actualidad, rechazo al imperialismo histórico y desdén por algunas características del estereotipo de la American way of life. Frente a la mención de la superpotencia, surgen casi por obligación las palabras “Bush” y “guerra”. También se alude a la obesidad, a la comida chatarra, a una sensación de locura generalizada de su población y al consumo compulsivo ligado al marketing.
· “Bush, guerra, NY, obesidad, población con problemas mentales.” (CC, F 18)
· “Potencia mundial, deuda externa, hipocresía, armas químicas, guerra, comida chatarra, merchandising, hollywood.” (G, F 24)
· “Consumo” (G, M 22)
Europa
Europa asoma como el paradigma de la cultura y, por lo tanto, despierta profunda admiración. Historia, civilización, cultura y pensamiento son las palabras que surgen apenas se habla del viejo continente. Sólo algunos – ¿los más informados?- mencionan ciertos aspectos negativos, como la xenofobia, la discriminación y los problemas demográficos.
· “Primer mundo, cultura, mejores condiciones de vida.” (CC, M 22)
· “Me transmite seguridad aunque cada vez hay menos.” (G, F 21)
Latinoamérica
El continente latinoamericano suscita posiciones encontradas. Para algunos, se caracteriza por su juventud, por la sensación de que todavía está todo por hacer. En Latinoamérica, piensan, perdura cierta vocación de resistencia y algún espacio para la rebelión contra las grandes potencias. Ello se asocia a la pasión y a la lucha; al afecto y a la humanidad; a una manera de vincularse con los otros que les suena más familiar. Otros, menos optimistas, mencionan inmediatamente el subdesarrollo, la pobreza, el hambre y el caos.
· “Valores más humanos” (G, M 19)
· “Afecto, pasión y lucha.” (CC, M 22)
· “Joven.” (CC, F 22)
· “Tercer mundo, pobreza, subordinación.” (G, M 24)
· “Subdesarrollo y bellezas naturales.” (CC, F 19)
· “Caos.” (G, F 20)