Los jóvenes de clase alta argentina eligen vivir el presente. Eligen divertirse y pasarla bien. Eligen dedicarse a administrar su tiempo libre, a buscar su propio espacio, a construir su imagen y a aprender más sobre todo aquello que les interesa.
Disfrutan haber superado la adolescencia, porque ya no tienen que rendir demasiadas cuentas a sus padres sobre sus estudios, ni tienen que cumplir horarios restrictivos. Sienten que les ha llegado el momento de ser ellos mismos.
Son dueños de su tiempo y de sus vidas, aunque no las transitan solos, sino junto a sus amigos, con quienes -gracias a la tecnología- se mantienen conectados las 24 horas.
Tienen el mundo a su alcance, un mundo “talle small”, porque las distancias se han acortado. Pueden conocer gente de todo el mundo en un solo clic, y están conscientes de ello. Toda la información circula frente a sus narices y están dispuestos a absorberla.
Ensimismados pero no encerrados, estos jóvenes eligen navegar el mundo armados únicamente de su propio personaje. Y lo logran.